A veces me siento mal. Me dicen que he manipulado a alguien, que he sido una falsa. No suelo creerlo: no me veo así. Y después llega el momento de leer los mensajes, y veo mis palabras, desde fuera, como si fuese otra persona. Y entonces me odio.
¿Cómo he podido...? De verdad que no quería. No pensaba causar este daño, no estaba entre mis intenciones.
Y entonces lo entiendo; comprendo que a mí me duelan tus palabras y no sepa cómo decirte que me utilizas. Que para ti son letras cualquiera, pero no sabes que están dispuestas de la manera correcta, con sus puntas afiladas apuntando al corazón. Ahora sé que no tienes culpa, es tu subconsciente, traidor, jugando con los demás. No son tus movimientos, pero afectan; así son las reglas del juego. Gana el que consiga enamorar al otro.

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