A nadie le gustan las despedidas y su sensación de desolación. Diego y Elena se besaron otra vez, diciéndose de este modo las palabras que no conseguían salir de sus labios.
-Te quiero, no te quiero perder. Estaremos bien, ¿verdad? No más discusiones, no más celos... -soltó Diego, sabiendo que si no sacaba el tema se arrepentiría posteriormente.
-Yo también te quiero. Estaremos bien-. afirmó ella.
Elena no era capaz de asimilar que ya había terminado su tiempo juntos. Él se iba a un largo viaje al extranjero y no podrían verse durante un mucho tiempo. Se abrazaron un largo rato, que Elena impregnó de miedo. Miedo a perderle. Sabía que era su última vez, estaba segura de que no durarían mucho en esa situación. Él encontraría a alguien a su altura o, al menos, alguien mejor que ella.
Diego era increíble, de esos muchachos que no se conocen dos. Ella lloraba torrentes por dentro, incapaz de mostrar sus emociones pero con ese gran temor latiendo acompañando al corazón.
A nadie le gustan las despedidas. Esas despedidas que dejan el sabor salado de las lágrimas, el ácido del temor y el amargo de la pérdida.
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sábado, 30 de noviembre de 2013
Elena y Diego I: Love on the road
-Tú también deberías descansar, Ele.-susurró Diego, tratando de no despertar al resto de la habitación.
-Mañana, digo, hoy, será un largo día si estamos tan cansados.-respondió ella mirando la pantalla del reloj. Eran las 6 de la mañana pero no podía dormir, no quería dormir. ¿Cuándo volvería a verle? Dos días, tan solo dos días juntos y volverían a separarles miles de kilómetros-. Te quiero- pronunció bajito por a saber cuántas veces ya del día, pero todavía con ese miedo a no ser correspondida a pesar de sus caricias.
-Yo también te quiero- fue la respuesta, acompañada de una amplia sonrisa-. Pero ahora duerme.
Ella, obediente, cerró los ojos, liberando aún más su mente. Él, él, y él. Él, su amor y él. Todos los pensamientos se centraban en lo mismo, en especial ahora que sentía el calor de su piel y su olor. Abrió los ojos lentamente, empeñada en no dormir, no podía perder un segundo de los pocos que compartirían. Quería verlo dormir, absorber cada instante, retenerlo en su memoria para no perderlo nunca.
Los párpados de Diego, que vibraban mientras descansaba recostado en el sofá, se abrieron de nuevo al sentir los ojos de ella.
-Elena, duerme-. Le regañó suavemente, sonriendo. -¿Estás incómoda?- le preguntó preocupado, moviéndose de modo que ella, que estaba tumbada con la cabeza apoyada en su regazo, estuviese mejor.
-¡Que no, que estoy mejor que nunca!- reía ella, todavía observándole mientras se fijaba en cada detalle de su cara, en cada pliego de su piel. -¿Seguro que tú estás bien? Que yo estoy tumbada, pero dormir sentado debe resultar muy incómodo. Vamos a la cama, anda.
Elena se levantó y agarró una de la manos de Diego, tirando de él y llevándolo a la cama, donde estaban sus amigos. Eran vacaciones y habían alquilado un apartamento entre cuatro, pues Diego tenía una casa en esa zona y no necesitaba hacerlo. De todas formas, había decidido pasar la noche con ellos, en especial para no privarles de a compañía de Elena, que iba a quedarse a solas con él.
Era la única ocasión que tendrían de estar juntos en mucho tiempo, pero no podía raptarla de ese modo. De todas formas, disfrutaban del tiempo y los pequeños momentos, deshaciéndose en besos. Sus respiraciones se agitaban, desacompasadas pero en armonía, formando una preciosa melodía de amor.
A Elena en especial le costaba contenerse. No se salía de los límites que ella misma había marcado, pero se descontrolaba dentro de ellos. Quería hacer en unos segundos lo que no le estaría permitido en mucho tiempo. Todas sus inseguridades y su miedo a perder a Diego se transformaban en recorridos de besos, como si así crease lazos que le atasen a ella. Sentía sus manos recorrer su piel como una hoja cayendo en otoño, deslizándose lentamente y con gran suavidad.
Ya en la cama, cerraba los ojos pero su memoria estaba trabajando, queriendo almacenar cada detalle. Le miró dormir por última vez.
Los párpados de Diego, que vibraban mientras descansaba recostado en el sofá, se abrieron de nuevo al sentir los ojos de ella.
-Elena, duerme-. Le regañó suavemente, sonriendo. -¿Estás incómoda?- le preguntó preocupado, moviéndose de modo que ella, que estaba tumbada con la cabeza apoyada en su regazo, estuviese mejor.
-¡Que no, que estoy mejor que nunca!- reía ella, todavía observándole mientras se fijaba en cada detalle de su cara, en cada pliego de su piel. -¿Seguro que tú estás bien? Que yo estoy tumbada, pero dormir sentado debe resultar muy incómodo. Vamos a la cama, anda.
Elena se levantó y agarró una de la manos de Diego, tirando de él y llevándolo a la cama, donde estaban sus amigos. Eran vacaciones y habían alquilado un apartamento entre cuatro, pues Diego tenía una casa en esa zona y no necesitaba hacerlo. De todas formas, había decidido pasar la noche con ellos, en especial para no privarles de a compañía de Elena, que iba a quedarse a solas con él.
Era la única ocasión que tendrían de estar juntos en mucho tiempo, pero no podía raptarla de ese modo. De todas formas, disfrutaban del tiempo y los pequeños momentos, deshaciéndose en besos. Sus respiraciones se agitaban, desacompasadas pero en armonía, formando una preciosa melodía de amor.
A Elena en especial le costaba contenerse. No se salía de los límites que ella misma había marcado, pero se descontrolaba dentro de ellos. Quería hacer en unos segundos lo que no le estaría permitido en mucho tiempo. Todas sus inseguridades y su miedo a perder a Diego se transformaban en recorridos de besos, como si así crease lazos que le atasen a ella. Sentía sus manos recorrer su piel como una hoja cayendo en otoño, deslizándose lentamente y con gran suavidad.
Ya en la cama, cerraba los ojos pero su memoria estaba trabajando, queriendo almacenar cada detalle. Le miró dormir por última vez.
miércoles, 27 de noviembre de 2013
Ojalá...
Quizá no sea la más fuerte, pero me sostengo sola.
Quizá no sea las más resuelta, pero soy independiente.
Quizá no sea la más guapa, pero tampoco soy tan fea.
Quizá no sea la más inteligente, pero sé utilizar el cerebro.
Quizá no sea la mejor escritora, pero cuando quiero, sé expresarme.
Quizá no sea la más tierna, quizá no sea la más fría.
Quizá no me entregue con ceguera y descocada.
Quizá no sea la mejor, pero ojalá te bastase con que simplemente sea yo.
Quizá no sea las más resuelta, pero soy independiente.
Quizá no sea la más guapa, pero tampoco soy tan fea.
Quizá no sea la más inteligente, pero sé utilizar el cerebro.
Quizá no sea la mejor escritora, pero cuando quiero, sé expresarme.
Quizá no sea la más tierna, quizá no sea la más fría.
Quizá no me entregue con ceguera y descocada.
Quizá no sea la mejor, pero ojalá te bastase con que simplemente sea yo.
lunes, 25 de noviembre de 2013
Y vuelvo a verte.
He vuelto a verte al abrir los ojos.
Es muy fácil soñar con los ojos cerrados, llevamos haciéndolo desde pequeños, pero tu recuerdo siempre va más allá. Supera lo convencional, se interpone con la realidad.
Te lloro cuando sonrío, sonrío mientras te lloro.
Y es que cada palabra ha quedado escrita en mi piel a fuego, en la capa más profunda. Tendría que morir para olvidarte.
Y allí está la dura elección, ¿una muerte en vida o morir para borrarte?
¿Y si no quiero? ¿Y si me ato a tu memoria? ¿Y si vago por el cementerio de lo que fue?
Y lloro hasta quemarme la piel.
Y río por llorarte.
Aprieto los párpados con fuerza.
Y vuelvo a abrir los ojos. Y vuelvo a verte.
Es muy fácil soñar con los ojos cerrados, llevamos haciéndolo desde pequeños, pero tu recuerdo siempre va más allá. Supera lo convencional, se interpone con la realidad.
Te lloro cuando sonrío, sonrío mientras te lloro.
Y es que cada palabra ha quedado escrita en mi piel a fuego, en la capa más profunda. Tendría que morir para olvidarte.
Y allí está la dura elección, ¿una muerte en vida o morir para borrarte?
¿Y si no quiero? ¿Y si me ato a tu memoria? ¿Y si vago por el cementerio de lo que fue?
Y lloro hasta quemarme la piel.
Y río por llorarte.
Aprieto los párpados con fuerza.
Y vuelvo a abrir los ojos. Y vuelvo a verte.
sábado, 23 de noviembre de 2013
Ahora mismo, estaba escribiendo con la televisión encendida. Por casualidad, puede escuchar una frase:
¿Tuya? ¿En serio? No entiendo cómo tantas mujeres pueden someterse ante los hombres, sin darse cuenta. Dejar que el hombre rija su vida, ¡que la posea!
Nadie es dueño de MI vida. La dependencia, que se limite a la estadística. Nosotras somos personas, somos libres, decidimos por nosotras, no somos de nadie.
Ser fiel es una decisión, no una obligación.
"Tienes que ser mía, Tina. Solo mía."
¿Tuya? ¿En serio? No entiendo cómo tantas mujeres pueden someterse ante los hombres, sin darse cuenta. Dejar que el hombre rija su vida, ¡que la posea!
Nadie es dueño de MI vida. La dependencia, que se limite a la estadística. Nosotras somos personas, somos libres, decidimos por nosotras, no somos de nadie.
Ser fiel es una decisión, no una obligación.
Be young, be free.
Me pregunto por qué hago las cosas, qué me mueve. Me digo que solo es mi propia aprobación, pero a veces me descubro tratando de agradar a los demás. Sonriendo cuando debo y no cuando quiero, diciendo la frase que esperan, siendo políticamente correcta.
Ayer leí en "Guerra y paz", la famosa obra de Tolstoi, como los jóvenes se caracterizan por tener ideas revolucionarias, utópicas y, principalmente, por no callarlas. Por decir lo que se piensa y no lo que se espera.
Entonces, déjame ser joven. Déjame hacer mucho ruido. Me da igual errar, pues así aprendo.
Para ser un buen adulto, hay que ser un buen adolescente. Para ser un buen adolescente, hay que fallar, llenar el camino de error tras error, caída tras caída. Y es que, lo mejor de las caídas, es levantarse.
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