Escribo desde aquí, desde la playa. Sí, de noche es preciosa también, mas echo de menos la luna y las estrellas.
Hay un hombre con los brazos extendidos, contra el viento. Eso es disfrutar de una noche junto al mar de verdad. Ojalá estar aquí con alguien. Una amiga, un amigo o tú. Me da igual, la cosa es aprovecharla. Quizá el hombre está borracho, como todos los que pasan a estas horas por aquí. O quizá no. Quién sabe.
Mi mente da vueltas, tararea las melodías que ya me sé de memoria. Me obliga a pensar, y no quiero. He roto a llorar, no lo he podido evitar. Bueno, si es que a eso se le llama llorar. Ya sabes, solo soy capaz de soltar lágrimas por tonterías. La última fue por un drama con mi madre, lo pasé fatal. Es como si todas las piedras grandes se acumulasen y aprovechasen un poquito de gravilla para soltarse, con una simple excusa. Me entró una ansiedad terrible, lloré a moco tendido.
Pero hoy no.
Hoy pensaba y te echo de menos. ¿Te quiero? Lo pongo en duda. Da igual. Sentí desplomarse por mi espalda todo el peso que cargo sobre mis hombros. La gente que me conoce no sabe nada de mis sentimientos, menos aún mi familia. Estoy cansada de ostentar el papel de fuerte e insensible, porque no lo soy. En absoluto.
Es cómico que mi profesora sea quién se haya dado cuenta. Dice que mi estado emocional afecta a mi rendimiento. No puede ser más cierto, pero si lo veo todo negro, ¿cómo voy a ver el futuro? ¿Cómo voy a esmerarme en alcanzar unos objetivos que nunca llegarán?
A lo que iba, que me enrollo como una persiana. Lagrimeé. Y eso es mucho, porque me cuesta llorar. Dejé de mostrarme como un muro para enseñar lo rota que estoy. Las ganas de desaparecer se arremolinan en mi pensamiento. Solo quiero esperar que transcurra el tiempo y se paré el mundo o me baje yo de él. Las norias a veces marean, y yo ya tengo el estómago revuelto.
Siento que caigo en un eterno vacío. Camino por caminar, por órdenes, como un autómata. Quisiera arrancarme el corazón y deshacerlo en pequeños pedacitos, pues creo que ni aún así me libraré de este dolor. Son ganas de llorar y de no hacerlo a la vez. De gritar a los cuatro vientos esto que poco a poco me corroe por dentro. Ganas de rasgarme los prejuicios y desplegar las alas.
No busco que me comprendan, solo deshacerme de este sufrimiento. Escúchame, mundo, porque necesito quitarme esto de encima, porque no puedo seguir en esta continua tortura. Escúchame, mundo, porque quiero hablar, pienso gritar hasta quedarme afónica y darle de una vez un punto y final.
No me entiendas. No me aconsejes. Simplemente, déjame hablar aunque caiga en saco roto. Déjame liberarme. No me ayudes a tu manera, solo necesito eso.
La lluvia se impone, el cielo se nubla. Parece hacer juego con mi cabeza. Me encanta sentir el frío, un dolor que calma el sufrimiento.
Vuelvo a casa. Arrastro los zapatos en lo que se me hace un eterno pasillo, como el corredor de la muerte. Clap. Clap. Clap. Clap. La suela. Clap. Abro la puerta lentamente, mi ánimo no da para más. Trato de existir, como un zombi. Entonces tú, mamá, me llamas a cenar. Me niego rotundamente.
"Yo no ceno, estoy llena"
Miro con asco la fuente de calorías.
"A saber qué has comido por ahí", me respondes para darme a entender que soy gorda y no soy capaz de cerrar la boca ante los alimentos, aunque por primera vez te has ahorrado el adjetivo. Lo que no sabes es que llevo tres días sin comer y cinco tomando solo la cena y vomitando, como antes. Los chicles, el agua, la coca cola zero y los cigarros son lo único que ingiero. Porque quiero que llegue el fin. Quiero desaparecer. Quiero ser polvo, nada. Estoy cansada.
Las entradas aquí escritas no son verídicas. La escritora (qué bien suena, ya me gustaría a mí llegar a tanto) no se hace responsable de vuestras intrépidas mentes e imaginación.
No pido que nadie me entienda, solo quiero que alguna vez me escuchen. Que mi voz no sea ahogada por el ruido que hacemos al pasar por la vida, vida que no vivimos. Seamos orgullosos, seamos trabajadores, seamos egoístas, busquemos el dinero; todo para ser felices. Pero el secreto de vivir feliz es, precisamente, vivir.
Me planto ante el espejo y no me gusta lo que veo. La realidad se muestra inexorable ante mí, instándome a una huida que no puedo emprender. Mi reflejo me agarra por los tobillos poniéndome grilletes, encadenándome con dureza y mostrándome lo que soy, que es justo lo que no quiero ser.
A veces quisiera arañar el cristal, llorar, patalear... Tratar de romper esa imagen en mil pedazos pero dicen que la realidad es cruda. Lo peor: que sé que tengo la culpa, no soy lo que quiero ser porque no lo busco. Ésta se arremolina sobre mí en una espiral eterna, envolviéndome como en las peores pelis de miedo, volviéndome loca hasta que al final cedo.
Es un gesto simple, tan simple como introducir dos dedos en la garganta o un cepillo de dientes para los principiantes. Se espera dos segundos y el cuerpo actúa por sí solo, expulsando toda esa culpa. El pollo, los macarrones, las natillas, el chorizo, la tarta, la naranja, el mismo agua que has bebido. En forma de alimentos viene todo: las calorías, la culpa y el odio. Todos los sentimientos concentrados, como si así pudiese librarme de mis demonios.
Entonces es cuando caigo en el ciclo. Cuando mi madre me riñe y corro al baño, aunque solo sea a echar agua porque no he comido nada. Cuando saco una mala nota o veo mi horripilante cara y me arrodillo frente al váter, los codos flexionados y la espalda arqueada en una postura que ya conozco bien.
Poco a poco vendrá por costumbre, morderé una golosina y me darán arcadas de manera refleja, pues mi cuerpo se ha aliado conmigo y no tiene planeado asimilarlo. Además disminuiré mis raciones e incluso seré capaz de saltarme comidas.
-Toma, mejor amiga mía. ¿Quieres las costillas que me ha preparado mi madre? Sé qué te encantan.
-¿Y tú?
-Yo... ¡yo ya he comido!-diré rápidamente. O un "era un montón, ya he tomado bastante" como alternativa.
Cada día me plantaré frente al espejo y tiraré de mi ropa, queriendo que me quede más grande. Deseando ser delgada como las demás. El cristal, valiente mentiroso, me hará creer que no he cambiado, que sigo igual de redonda o más y que un día de estos voy a caer colina abajo. Y yo, idiota de mí, seguiré llorando, reflejándome en mis michelines y pellizcando los espejos.
A veces me pregunto qué fuerza mágica lleva a una canción a aparecer para deleite de tus oídos en momentos oportunos. Quizá debería ponerle un nombre, al igual que la ley de Murphy, pero más bonito. Como cuando encuentras a ese chico haciendo una cosa determinada y esa misma tarde descubres por el aleatorio del reproductor una canción que versa sobre ello.
Como cuando lo dejas con él y llama tu atención una sobre cómo se lavaba los dientes, cómo reía, cómo os escondíais, cómo le sigues queriendo aunque todo haya acabado.
¿No es increíble? Necesita que se le llame de algún modo especial. Que se creen dioses griegos y sus respectivos romanos en torno a una leyenda sobre este tema.
¿Y esas ganas locas de reír y llorar que te entran? No me lo niegues, que lo sé. Te he visto. He visto cómo brillaban tus ojos, lloraba tu mirada y reía tu boca.
Y es que todos nos hemos sentido especiales al notar una canción o una frase, un artículo o una película, algo, como nuestra... pero otras personas también se han adueñado de ella. ¿Somos todos especiales?
Chocolamina.
La escribí ayer por la noche. No la quería publicar, pero ha pasado algo por lo que la voy a publicar. Es mala, lo sé, pero bueh.
Tanta estupidez, tantos usos que se le dan a la palabra "princesa" y... ¿en qué lo han convertido? En un concepto odiado y repelido por casi cualquier chica que esté en sus cabales. Ahora las princesas han dejado de estar idealizadas para pasar a un plano más vano, una princesa del pueblo, una chica con mal gusto y bastante hortera, además de inculta mal hablada. Esa persona con la que no te gustaría encontrarte, que le robarías el caballo al príncipe para huir. Por supuesto, el príncipe ni ha aparecido. O no quiere encontrarse con tal bicho o es una persona similiar a la princesita y jamás se comportará de forma caballerosa. El tema de la palabra "princeso" prefiero ni tocarlo, que podrían salirme víboras por la boca y eso no es nada agradable. ¿Y mis recuerdos? Yo de pequeña soñaba con ser princesa, llevar unos zapatos de tacón precioso, un vestido capaz de causar envidia en la mejor de las diseñadoras y esa coroma.. de siamantes, zafiros, rubíes, oro, ¡de todo! Soñaba con liderar a mi reinado algún día, cuando mis padres fuesen mayores. De vencer a la pobreza y amar a todos, siendo conocida como la buena princesa. Soñaba con encontrar a mi príncipe, azul o no tan azul, un perfecto galán, y bailar de la mano por los inmensos pasillos y salones. En realidad, en el fondo de mi corazón, aún alimento mi sueño y digo ¡ojalá algún día sea una princesa de las de antes! Y espero, espero.
http://www.youtube.com/watch?v=ASO_zypdnsQ He visto el nuevo vídeo de PSY, Gentleman, y me ha hecho mucha gracia. Encaja con la famosa frase de "¡A fregar!", muy mainstream todo. Luego decidí buscar la letra y... ¡ay, qué asco!
No sé si sabes por qué esto debe ser hot No sé si sabes por qué esto debe ser limpio No sé si lo sabes, sería un problema si estuvieses confundida No sé si lo sabes Pero a nosotros nos gusta, nos, nos, nos gusta festejar oye
Oye tú Voy a presentarme Soy un chico genial que posee coraje, espíritu y locura Lo que quieres oír, lo que quieres ser soy yo Demonios nena, eres tan j*didamente sexy
Yo, yo, yo, yo, yo soy un Yo, yo, yo, yo, yo soy un Yo, yo, yo, yo, yo soy un madre padre caballero
Yo soy un Yo, yo soy un Yo soy un madre padre caballero Yo soy un Yo, yo soy un Yo soy un madre padre caballero
No sé si sabes por qué esto debe ser suave No sé si sabes por qué esto debe ser sexy No sé si lo sabes, cariño, apúrate y ven, sé loca No sé si lo sabes, es loco, loco, apresúrate
Oye tú Tu cabeza, cintura, piernas Bien, ¿lo sientes?, ¿lo sientes?, bien, es suave Te haré jadear y te haré gritar Demonios nena, soy una mafia fiestera
Yo, yo, yo, yo, yo soy un Yo, yo, yo, yo, yo soy un Yo, yo, yo, yo, yo soy un madre padre caballero
Yo soy un Yo, yo soy un Yo soy un madre padre caballero Yo soy un Yo, yo soy un Yo soy un madre padre caballero
Te haré sudar Haré que te mojes Sabes quién soy PSY mojado Te haré sudar Haré que te moje Sabes quién soy PSY mojado, PSY mojado, PSY mojado, PSY mojado, PSY, PSY, PSY YYYYYYYYY-Yo soy un madre padre caballero
Yo soy un Yo, yo soy un Yo soy un madre padre caballero Yo soy un Yo, yo soy un Yo soy un madre padre caballero
Madre padre caballero Madre padre caballero.
De todas formas, me contaron que el famoso cantante dijo que a pesar de la guerra quería que su música llegase a toda Corea, norte y sur. Ya solo por la gracia que me hizo tal declaración: ¡Psy, te quiero!