chocolamina's Last.fm Journal

viernes, 21 de marzo de 2014

Temptation

Sus manos no se detenían, insaciables. No quería detenerse en cada detalle de su cuerpo y memorizarlo, no le interesaba en absoluto. Pensaba que podría tenerla en cualquier otro momento. Movimientos vacíos, sus caderas contra las de ella. El brillo de su mirada no le interesaba, su respiración entrecortada no llamaba su atención. Solo era un fuego que le incendiaba, que podía colmarle de placeres y caprichos, como cualquier otro. Pero ella no era cualquier otro. Podía recorrer el hueco de su cuello, plagarlo de mil besos y caricias, detenerse hasta hacerla enloquecer, como jugar con un volcán en plena erupción. No temía qué pudiese desencadenar, pues carecía de importancia para él. Seguramente ella mañana llenase su móvil de mensajes, esperanzada. Seguramente él la ignorase hasta que destrozase toda la ilusión sembrada en un rellano a oscuras.



Pero llegó la noche, y tras ella la mañana. Y las horas, imparables, dieron lugar a la tarde, y de nuevo otro atardecer. Y su teléfono seguía vacío del auxilio de la joven. Y él, que se creyó poderoso, se vio perecer en el recuerdo de una mirada de avellana, sabía en el juego, más dura que el hielo, más dura que él. Y se vio a sí mismo padecer ante el anhelo de sus labios blandos y suaves, de su risa al engañarle en su propio terreno. Y él se hundía en la desesperación por haberse dejado embaucar, deseando que fuese ella la que sentía lo que él sufría, iluso.

Otra estúpida canción más de amor y me corto las venas, no las quiero largas.

Como una un papel que encierra un chicle masticado, como el peor de los desechos. Ínfimo detalle en un océano de mugre, en el que un par de vidas tratan de salir a respirar, pero yo no soy una de ellas. Como si pudiese tirarse de mí y volver a encajarme. Como una pelota que va y viene, cansando al observador que la sigue aburrido con la mirada, hasta hartarse y mirar cualquier otro detalle de la situación. Porque si fuese un partido importante, jamás sería el punto de juego. Porque para ti es solo un entrenamiento, y te sientes un Nadal cansado.

Tan fácil, tan absolutamente inútil.


martes, 11 de marzo de 2014

Otro borrador de algo a medias.

Y hágame creer importante. Diga que le importo, y si lo niego, vuélvalo a decir. Repítalo hasta que no sea capaz de ponerlo en duda, o finja no serlo. No me diga que una vez fue verdad, miéntame. Miéntame como

Un borrador que me he encontrado por ahí...

Suelto una risa, como si fuese una broma personal, cuando es solo tu forma de ser. El que seas tú me hace feliz.

Y, sin darme cuenta, estoy conteniendo la respiración. Menos mal, casi muero de la felicidad de tu presencia, que me corta el aire.

Y, sin darme cuenta, vuelvo a leerte. Embelesada, me muerdo los labios, sin sentirlo. Al rato dos surcos los marcan, hipnotizada como estaba con tu existencia.

Hielo

Cuando sé que la sonrisa más hermosa del mundo es la suya, que podría iluminar hasta la otra cara de la luna. Que solo un abrazo suyo podría llenar ese vacío que siento. Que unos besos de cualquiera no son como sus labios. Que su risa es la mejor poesía y el más dulce canto. Que me gustaría ser prisionera eterna de su mano, que fuese mi dragón y diese muerte a cualquier estúpido caballero.

Y cierro los ojos, tratando de alimentar al recuerdo que otras tantas veces he querido espantar. Pero parece que no quiere volver, caprichoso. Que, remolón, me hace un gesto con la mano, como diciendo que ya vendrá otro día. Otro día en el que olvide tu mejillas y decida que ha dormido lo suficiente, que es hora de atormentarme de nuevo, de llenarme la mente de pajaritos con tu cara.

Que lo que para ti fue una noche, para mí fueron varios días sin sueño. Varios días de dudas. Varios días de nuevo hielo.

Medias naranjas

Claro que se trata de una media naranja, por más que hoy en día traten de negarlo. Lo que no, es que no se basa en la necesidad. Media naranja en la nevera, sigue siendo media naranja. Media naranja, que no necesita la otra mitad para ser, pues ya es, es media naranja. Media naranja con olor propio, con sabor, con piel, que no le falta nada. Media naranja que puede hacer zumo o macedonia, que puede estar sola o acompañada. Porque el amor al final no se trata de naranjas, sino de mitades.

Porque en el amor todo es al revés, polos opuestos se repelen y los similares se atraen con una fuerza mayor que la que existe entre los planetas. Porque no es un "tú me completas" sino un "tú me acompañas, tú me entiendes". No es ser uno sino compartir.

Y, para mí, el amor más perfecto es aquel que después de discutir -discutir sin pelear- termina entre besos y de besos hasta el final. Da igual la cama, la encimera o el sofá, el caso es estar juntos y compartir.

Despacio

Podría hablar de una mujer de cara blanca, moteada por diminutas pecas, de pelo como una cascada y sonrisa brillante, de nariz redondita y piernas largas, eternas, con un cuerpo de curvas sin fin... o de curvas que terminan en el infarto.

Pero no, no, no, no. ¿Por qué? Porque no sería nada.

Es más difícil explicar cómo tu pelo corto solo se movía en las tardes de mucho viento, mientras tus pestañas los hacían continuamente, a cada vistazo de tu inquieta curiosidad. De tus pupilas brillantes como luceros, no, no, no, ¡como luciérnagas! Como dos preciosas luciérnagas en medio de la oscuridad, vibrantes, en busca de cualquier cosa interesante. O de cómo los cerrabas a cámara lenta, mientras las comisuras de tus labios se arqueaban en una sonrisa, cuando soltabas alguna de tus -continuas- bromas, detrás de la humeante taza de café, que solo soltabas para continuar engullendo el cruasán, desmenuzándolo despacio con las yemas de los dedos.

Porque todo lo hacías despacio, no se te fuese a ir la vida sin haberla saboreado, sin haberla hecho pedacitos.