Claro que se trata de una media naranja, por más que hoy en día traten de negarlo. Lo que no, es que no se basa en la necesidad. Media naranja en la nevera, sigue siendo media naranja. Media naranja, que no necesita la otra mitad para ser, pues ya es, es media naranja. Media naranja con olor propio, con sabor, con piel, que no le falta nada. Media naranja que puede hacer zumo o macedonia, que puede estar sola o acompañada. Porque el amor al final no se trata de naranjas, sino de mitades.
Porque en el amor todo es al revés, polos opuestos se repelen y los similares se atraen con una fuerza mayor que la que existe entre los planetas. Porque no es un "tú me completas" sino un "tú me acompañas, tú me entiendes". No es ser uno sino compartir.
Y, para mí, el amor más perfecto es aquel que después de discutir -discutir sin pelear- termina entre besos y de besos hasta el final. Da igual la cama, la encimera o el sofá, el caso es estar juntos y compartir.

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