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sábado, 30 de noviembre de 2013

Elena y Diego I: Love on the road


-Tú también deberías descansar, Ele.-susurró Diego, tratando de no despertar al resto de la habitación.

Ella se tumbó sobre el pecho de él, moviéndose solo un poco, como si siguiesen sentados en el sofá. Él, sonrió.

-Mañana, digo, hoy, será un largo día si estamos tan cansados.-respondió ella mirando la pantalla del reloj. Eran las 6 de la mañana pero no podía dormir, no quería dormir. ¿Cuándo volvería a verle? Dos días, tan solo dos días juntos y volverían a separarles miles de kilómetros-. Te quiero- pronunció bajito por a saber cuántas veces ya del día, pero todavía con ese miedo a no ser correspondida a pesar de sus caricias.

-Yo también te quiero- fue la respuesta, acompañada de una amplia sonrisa-. Pero ahora duerme.


Ella, obediente, cerró los ojos, liberando aún más su mente. Él, él, y él. Él, su amor y él. Todos los pensamientos se centraban en lo mismo, en especial ahora que sentía el calor de su piel y su olor. Abrió los ojos lentamente, empeñada en no dormir, no podía perder un segundo de los pocos que compartirían. Quería verlo dormir, absorber cada instante, retenerlo en su memoria para no perderlo nunca.

Los párpados de Diego, que vibraban mientras descansaba recostado en el sofá, se abrieron de nuevo al sentir los ojos de ella.

-Elena, duerme-. Le regañó suavemente, sonriendo. -¿Estás incómoda?- le preguntó preocupado, moviéndose de modo que ella, que estaba tumbada con la cabeza apoyada en su regazo, estuviese mejor.

-¡Que no, que estoy mejor que nunca!- reía ella, todavía observándole mientras se fijaba en cada detalle de su cara, en cada pliego de su piel. -¿Seguro que tú estás bien? Que yo estoy tumbada, pero dormir sentado debe resultar muy incómodo. Vamos a la cama, anda.

Elena se levantó y agarró una de la manos de Diego, tirando de él y llevándolo a la cama, donde estaban sus amigos. Eran vacaciones y habían alquilado un apartamento entre cuatro, pues Diego tenía una casa en esa zona y no necesitaba hacerlo. De todas formas, había decidido pasar la noche con ellos, en especial para no privarles de a compañía de Elena, que iba a quedarse a solas con él.

Era la única ocasión que tendrían de estar juntos en mucho tiempo, pero no podía raptarla de ese modo. De todas formas, disfrutaban del tiempo y los pequeños momentos, deshaciéndose en besos. Sus respiraciones se agitaban, desacompasadas pero en armonía, formando una preciosa melodía de amor.

A Elena en especial le costaba contenerse. No se salía de los límites que ella misma había marcado, pero se descontrolaba dentro de ellos. Quería hacer en unos segundos lo que no le estaría permitido en mucho tiempo. Todas sus inseguridades y su miedo a perder a Diego se transformaban en recorridos de besos, como si así crease lazos que le atasen a ella. Sentía sus manos recorrer su piel como una hoja cayendo en otoño, deslizándose lentamente y con gran suavidad.

Ya en la cama, cerraba los ojos pero su memoria estaba trabajando, queriendo almacenar cada detalle. Le miró dormir por última vez.

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