Ayer leí en "Guerra y paz", la famosa obra de Tolstoi, como los jóvenes se caracterizan por tener ideas revolucionarias, utópicas y, principalmente, por no callarlas. Por decir lo que se piensa y no lo que se espera.
Entonces, déjame ser joven. Déjame hacer mucho ruido. Me da igual errar, pues así aprendo.
Para ser un buen adulto, hay que ser un buen adolescente. Para ser un buen adolescente, hay que fallar, llenar el camino de error tras error, caída tras caída. Y es que, lo mejor de las caídas, es levantarse.

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