Yo creo que no saben comprender lo que sienten. El odio, en la mayoría de los casos, solo es amor disfrazado, un amor truncado, fallido. Es querer tanto, que duelen los actos de las personas. No obtener lo que se desea o espera, sentirse rechazado, aturdido. Odiar es en realidad tan complicado, tan intenso... Mucho tiene que haber hecho una persona para que se le rechace de ese modo y, sino, sería al portador del sentimiento a quién habría que apartar.
Porque querer duele, mucho. El no ser correspondido es como un clavo ardiente clavándose en el corazón, un pequeña perforación que hace daño. Y así, con cada movimiento de la persona, otro clavo se inserta. Pero nada calma ni hay manera de evitarlo. Entonces llega la resolución: ¿qué sentir hacia alguien a quién amas hasta el punto de dolerte? Odio. ¡Te está haciendo daño, ódiale!
Pero no, no es así. El odio es solo ese amor maltrecho vestido con un disfraz barato en el hastío del dolor, tratando de llamar la atención.

Cada día me sorprende más, señorita.
ResponderEliminarMuchas gracias, jo. A ver si un día de estos escribo algo bueno, como antaño.
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